Desde hace muchos años el profesor Howard Gardner, pionero en los años 80 de la teoría de las inteligencias múltiples, nos explicó que “un buen sistema educativo tiene que alimentar y fomentar todas las formas de inteligencia, incluidas las relacionadas con el arte; en caso contrario, descuidaría parcelas fundamentales del potencial humano y frenaría el desarrollo cognitivo de los niños”. En este sentido, Gardner recomienda favorecer la afición de los niños por el arte en cualquiera de sus formas, no solo como un medio de expresión sino también como un modo de acercarse al mundo que los rodea.

Las enseñanzas artísticas, desafortunadamente relegadas a un segundo plano por muchas familias y centros escolares en nuestro país, distan mucho de ser un lujo superfluo en la educación de los niños.

El arte juega un papel más importante de lo que creemos en la educación de los niños. Diversas investigaciones han demostrado ya que, además de estimular el aprendizaje de otras materias (como la lectura, la escritura y el cálculo) pintar, dibujar o hacer música, por ejemplo, son actividades imprescindibles para el desarrollo emocional, de la percepción o de la interacción social.

DESARROLLO DE CAPACIDADES

Pintar, dibujar, tocar un instrumento musical, modelar, cantar… son actividades básicas para el desarrollo biológico, educativo y emocional de los niños. Pero son, además, una necesidad espiritual. A través de ellas aprenden a explorar el medio que los rodea, adquieren conciencia de sí mismos y de los demás. Su contribución se puede agrupar en las siguientes áreas:

  • Desarrollo personal: las actividades artísticas proporcionan oportunidades para expresar la propia creatividad, para descubrirse uno mismo; potencian la autoestima y el concepto de uno mismo. Cada obra de arte genera en el niño que la crea el sentimiento de haber alcanzado un logro.
  • Desarrollo social: se potencia a medida que el niño aprende a cooperar en un trabajo artístico realizado en grupo. Los niños son conscientes de su contribución personal al trabajo colectivo y adquieren, además, el sentimiento de pertenecer a un grupo.
  • Desarrollo físico: los músculos más pequeños, la coordinación mano-ojo, la lateralidad y el sentido del ritmo se desarrollan gracias a las diversas formas de expresión artística.
  • Desarrollo del lenguaje: el arte es una forma de expresión que no se basa en la habilidad verbal, sin embargo, el lenguaje y el vocabulario infantil experimentan un enorme desarrollo a medida que los niños hablan de sus trabajos. Además, el dibujo contribuye al desarrollo de la escritura en los más pequeños.
  • Desarrollo cognitivo: los beneficios del arte se dejan notar especialmente en áreas como la representación simbólica, la relación espacial, números y cantidades, series, clasificaciones, etc.

HABLA DE ARTE CON TU HIJO

Además de la creación y expresión artísticas propiamente dichas, hay otra actividad con la que los adultos pueden contribuir a que los niños se acerquen al arte y lleguen a entenderlo. Cuando crean su propia obra, los niños exploran el mundo que los rodea, pero también pueden descubrirlo en las obras de otros o en la propia naturaleza, lo que puede abrirles el camino para llegar a apreciar el arte como parte de sus vidas. Muy poca gente continúa “haciendo arte” cuando deja de ser un niño, pero la afición al arte es un logro y un placer que dura toda la vida. Comentar con un niño un cuadro, una escultura o una fachada barroca puede parecer pretencioso e incluso pedante. Sin embargo, nadie como los niños, cuyos sentidos y percepción están tan abiertos y acostumbrados a escudriñar lo que los rodea, tiene mejor disposición para ello. Intercambiar puntos de vista sobre lo que vemos en museos, en la calle o en la misma naturaleza es una forma sencilla de que el niño adquiera una incipiente base de conocimientos sobre la que desarrollar una futura afición.

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